Mucho se ha venido hablando desde que se convocó el referendum para votar la reforma constitucional, sobre la cantidad de vicios y errores que tiene la data del CNE. Y efectivamente eso es así. Y no lo es desde ahora, es algo que viene arrastrando desde que el CNE ha estado manejado directamente por el presidente de la república. Está harto demostrado la cantidad de personas que aparecen votando en dos o tres centros electorales distintos, pero dentro del mismo municipio, con el mismo nombre, la misma fecha de nacimiento y en muchos casos hasta con el mismo número de cédula. Ni hablar de los más de 2000 votantes que pasan de los 115 años de edad. Y a todo ello hay que añadirle el hecho de que la cantidad de electores ha aumentado en los últimos diez años en 8 millones de personas, algo que resulta escandaloso. Lo que efectivamente no puede crear sino dudas sobre la transparencia del ente rector de estos comicios.
Sin embargo, hasta última hora la opinión de la oposición estuvo muy divida entre ir a votar con todas las consecuencias, pero haciendo un voto activo, es decir, defendiendo el mismo en los centros de votación y en las calles. Y quienes apoyaban la teoría de la abstención. Para los cuales el método a usar era el de la resistencia civil frente a una reforma ilegal, inconstitucional y totalmente hecha a la medida del presidente Chávez. Finalmente parece que se han acercado mucho las posturas y a día de hoy, la consigna es la de ir a votar y quedarse en las calles a defender el voto. Y si bien, ir a votar es darle cierta legitimidad a este proceso inconstitucional, no queda de otra, pues abstenerse significa entregarle la aprobación de la reforma a Chávez en bandeja de plata tal y como ya sucedió en las elecciones a la Asamblea Nacional. Y claro, es que hay un error en la constitución vigente, en el apartado del sistema de aprobación de leyes, reformas y votaciones. La cual acepta mayorias simples, es decir la mitad más uno, pero no impone cuanto debe ser el universo mínimo de votantes para hacer cambios significativos, como es el caso de la constitucion nacional.
Una vez que entendemos las posibilidades de fraude que hay en este proceso, no queda otra que hacer números y recordar que habría pasado en la mayoría de las elecciones anteriores si la abstención hubiera sido mínima. Partiendo de la base que el chavismo tiene una maquinaria electoral que a día de hoy nadie más tiene, tanto por medios, como por poder e incluso por la cohesión de sus votantes más y menos duros, la oposición necesita imperiosamente convencer a la mayor cantidad de gente posible para que vaya a votar. Porque en estos casos no sirve la opinión de no estoy de acuerdo, pero no voto, no me interesa, no tengo tiempo, o cualquier otra barata excusa, en este caso estamos hablando del futuro del país como no se ha hecho en otras elecciones. Porque le estaríamos dando al presidente algo que no puede conseguir mediante ningún otro método, que es la reelección indefinida. La cual tomando en cuenta todos los factores anteriores, tendría en su mano cada vez que quisiera reelegirse.
Debemos tomar conciencia de lo que nos estamos jugando. Señores, esto no es un simple cambio de presidente o de gobernador que se podrá arreglar en otras elecciones. Esto es la presidencia vitalicia y sin protesto para Hugo Chávez. Esto es entregar al país a un proyecto fracasado y extemporáneo. Esto es entregar el país a los vagabundos que gobiernan con las mismas malas artes y mañas que la cuarta, pero con el agravante, de que la discriminación ha llegado y seguirá creciendo en el futuro, a cotas inimaginables en este país. Señores, vamos a votar, vamos a defender nuestros votos y vamos a derrotar al chavismo, en un proceso que puede dejar muy tocado al presidente. Un proceso que puede significar el resurgir de nuestro país.
28 Noviembre 2007 at 2:30 pm
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