¿Porqué? Esa es la reiterada pregunta que me hago cada vez que se acerca un momento trascendental en la vida de la república, desde que llegó al poder el dictadorzuelo de Chávez. Pero claro, esa pregunta no me la hago a mi mismo, o mejor dicho sí, pero me gustaría que me la respondiera el culpable. El padre político de Chávez. El hombre que permitió la germinación de un movimiento que a día de hoy, está a punto de llevar al abismo a nuestro país. Si, ese no es otro que el Dr. Rafael Caldera. Quién siempre se ufanó de ser un político inteligente, preparado e intelectual, y que el destino le guardará un lugar en la historia, pero como el peor presidente que ha tenido Venezuela, Chávez aparte. ¿Que es de su vida? Supongo que sigue vivo, porque no he oido hablar de su muerte. ¿Pero aún tiene raciocinio? Sí es así y ud. tiene algo de vergüenza, se sentirá como una cucaracha, y se lo merece. No le deseo nada malo, solo que la vida sea consecuente y le cobre en vida el terrible problema que nos dejó a todos los venezolanos por su falta de tacto, de visión de futuro, su inocencia o acaso ¿es que tenía que pagar algún viejo favor y por eso liberó a Chávez?. Cuantas preguntas rodean todo lo que le relaciona a ud. con el dictadorzuelo.
Dice la sabiduría popular, la cual está basada en la experiencia que es la mejor ciencia del mundo, que el infierno está en la tierra, y que nuestros pecados los pagamos aquí, en vida, vivitos y coleando, muy a nuestro pesar. Y quisiera que eso fuera así para que ud. pague lo que debe pagar en vida, no quiero que se queme en el infierno, con que pague su deuda aquí en Venezuela me conformo.
Repasando su trayectoria, en busca de respuestas, solo encuentro una razón para que hoy Chávez esté en el poder. Su envidia, si Dr. Caldera, la suya no la de Chávez. Eso da para otro artículo. Y lo digo con toda responsabilidad. Usted mantuvo hasta que lo consiguió una enferma obsesión por convertirse en presidente de la república dos veces. Mucho más, después de que su gran espejo político Carlos Andrés Pérez, lo hiciera antes que ud. Eso fue algo que a usted lo superó y que no supo sobrellevar. Arrojandole al camino de la venganza, de la retaliación política. Que son a la postre las causas que nos ponen al dictadorzuelo en el poder.
Cuando el famoso caracazo, el 27 y 28 de febrero, mucha gente coincide conmigo, en que eso no fue un movimiento que nació ese día de casualidad. No, en absoluto. Las recientes medidas económicas tomadas por CAP, sembraron el camino para que ello sucediera y explotará de la forma que lo hizo. Pero eso tuvo unos instigadores. Ese suceso tiene unos padres, unos autores intelectuales que dicen en términos policiales, y entre ellos está ud. y el famoso grupo de “los notables”. ¿Se acuerda de ellos? Sí, eran unos intelectuales empecinados con arreglar el país en base a incendiarlo con sus declaraciones y proposiciones. Algo así como lo que dice Chávez que está haciendo la oposición actual con su mandato. Claro con tantas diferencias, muy obvias todas ellas, que ni siquiera voy a enumerarlas aquí. Sería darle demasiada importancia como demócrata a alguien como el dictadorzuelo y no la tiene.
Cuando el país se comenzaba a asentar. Cuando el “paquetazo” de CAP comenzaba a dar sus frutos a nivel macroeconómico y poco a poco se comenzarían a sentir sus efectos también en el bolsillo del simple venezolano de a pie. Cuando se comenzaban a engordar unas reservas económicas que Jaime Lusinchi dejó por el subsuelo. Justo en ese momento, aparece el dictadorzuelo con su intentona golpista. Aquella que tenía como premisa tomar el poder del país y asesinar a CAP. No enjuiciarlo, apresarlo o desterrarlo, no, asesinarlo. Dicho esto por los propios autores de la intentona. Y que cosas que al final Carlos Andrés es el gran enemigo de Chávez como también lo fue de usted. Entiendo que prima la envidia en ambos casos. Pues tanto usted como Chávez quisieron y quieren un papel como líder continental, incluso mundial, que CAP tenía y que se había ganado por su papel crucial en el apoyo para instaurar nuevas democracias en muchos países que recien salían de dictaduras. Recuerdo con claridad el día de la intentona, cuando horas después, cuando aún salía humo de los cañones y fusiles usados por los golpistas, como ud. daba un inoportuno pero muy oportunista discurso en el extinto Congreso de los Diputados. Un discurso lleno de demagogia. Donde en vez de resaltar valores democráticos, como correspondia, ensalzó a los golpistas justificando su acto, cuando eso no era un hecho espontáneo, sino que ya venía fraguandose desde que Luis Herrera Campins era presidente. Y recuerdo también como Eduardo Fernández, quién había sido el candidato del partido COPEI que se enfrentó a CAP en las elecciones del 1988, salió en defensa de la democracia o lo que era lo mismo del que era presidente legítimo y democrático de Venezuela.
Claro que nada de esto le importó. Su plan ya estaba en ejecución y como dicen los marinos, iba viento en popa. Salieron a la palestra gente como Escovar Salóm, quién junto con ud. y otros no descansó hasta enjuiciar, condenar y encarcelar a CAP. Usando para ello elementos y argumentos de dudosa legalidad. Porque tontos no somos, y todos sabemos que el caso por el que fue enjuiciado, el de los 18 millones de dólares de la partida secreta que fueron desviados para consolidar la seguridad en una naciente democracia en Nicaragua. Ese proceso estuvo lleno de vicios, pero todos callaron. Lo hicieron como bellacos. En aquel momento estaba de moda darle golpes a CAP. A traición y por la espalda, como buenos cobardes, le buscaron todos los resquicios legales a una acción ilegal y al final lo consiguieron. Y como buen demócrata, Carlos Andrés, asumió la situación y dió la cara como hasta ahora no lo ha hecho nadie en este país, al menos en su historia más contemporanea.
Pero realmente cuando ya rebasaste el vaso de la paciencia, fue cuando indultaste a los golpistas. Esos que hoy se han enquistado en todos los estratos del poder. Esos que sin ninguna convicción democrática, obviamente, hurdieron un plan para acabar con la consolidada y ejemplar democracia venezolana. Pero no solo eso, ya que los había soltado, ni siquiera tomó la precaución de inhabilitarlos políticamente. No solo no hizo eso, sino que los premió regalandoles cargos públicos para que chuparan de una teta que ellos quisieron matar, la del estado venezolano, del cual denigraban.
¡Ay Caldera, que buena vaina nos echaste! nunca mejor dicho esa frase. Como nos está costando sacudirnos de esta peste chavista. Una peste que se acomodó de manera tal, que cuando no esté en el poder, costará mucho acabar con sus costumbres y mañas. Una peste que llegó no para convertir a Venezuela en el país que todos queremos, sino para perpetuarse en el poder con un proyecto político tan viejo y anácronico como usted. Un proyecto que ha fracasado en el mundo entero. Y que incluso en sitios como China se están abriendo al mundo, mientras que su pupilo Chávez trata de instaurar aquí el más rancio de los socialismos. El más estatista y arbitrario de los sistemas. Uno que no respeta las libertades de las gentes, pues no cree en ella y que nos llevará a una disputa que derramará ríos de sangre. Y todo por su culpa. Todo por su envidia y codicia. Todo por su persistencia en volver al poder bajo cualquier premisa y pagando cualquier precio por alto que fuera.
Ejemplos como este nos deben servir para que en futuro no se repita otro Chávez, pero mucho menos un Caldera. Porque lo uno lleva a lo otro. Y van tan de la mano que me pregunto ¿usted indultó a Chávez para pagarle el favor?.
¡Ay Caldera, que buena vaina nos echaste!