Fuente: Diario El Universal, Venezuela.
Opinión – Antonio Cova Maduro.
13-02-2008 
 
 
Hubo tantos Midas en la antigüedad que los estudiosos han decidido que “Midas” era un nombre genérico. Algo así como Inca. Lo que nunca imaginamos fue que eso llegara hasta nuestro tiempo. En eso se parece al sagrado Imam de los chíitas, que en línea directa vienen desde el cuarto Califa, el asesinado Alí. En cualquier caso, vale la pena que rememoremos a los dos Midas más notorios.

El primer Midas que recordamos es aquél que le cobró a Dionisos un favor que le había hecho: “te ruego me concedas que todo lo que toque se convierta en oro”. Y así fue¿ ¡para su desgracia! En efecto, al tocar alimentos y bebidas, instantáneamente se tornaban imposibles de ingerir. Por suerte para él, Dionisos le proporcionaría el final del encantamiento.

El siguiente: un Midas de quien nos cuentan recibió un castigo del dios Apolo por haber actuado de modo inconveniente. Le aparecieron dos notorias orejas de asno que mucho hacía por ocultar. Tenemos, pues, entre nosotros una mezcla de estos dos Midas: el de la maldición del oro y el de las orejas de asno que tanto hace por ocultar.

Para entender mejor a este Midas actualizado hay que recordar algunas cosas. No sé si usted, querido lector, padeció en estos años lo que yo más de una vez. Cuando, por cualquiera de los hechos extraordinarios -ya tan ordinarios- de esta pesadilla de cerca de diez años, se te ocurría sugerir que las cosas le iban mal al Proceso, nunca faltaba alguien, un sabelotodo, que dándote una palmadita de conmiseración te decía, “Olvídate, mientras Chávez tenga ese chorro e’plata, te sentarás a esperar”. Y así, consciente de su profunda sabiduría, te recriminaba: “es que eres muy optimista”, qué es el eufemismo venezolano para el piadoso “eres un retardado mental”.

Comprenderán entonces mi relamido regocijo cuando hago una constatación: justo en el momento de mayor valor -100 dólares dicen- por cada barril de petróleo, Midas no haya qué hacer. Nunca como ahora, dicen los economistas, hay tanta plata en el bolsillo de los venezolanos. Y nunca como ahora, insisto yo, pa’nada sirve. Porque, ¿qué hace uno con tanto real si debe recorrer un circuito, que ya envidiarían atletas y ciclistas, para mal conseguir leche, medicinas y repuestos? ¡El primer Midas en el más puro estilo!

Por supuesto que ese “regocijo” nada tiene que ver con el vía crucis de cualquier habitante de este país. Tampoco soy tan sádico. Y mucho menos masoquista, puesto que soy uno de los millones que ya abandonó la esperanza de salir de compras con una concienzuda lista en la mano. No, yo voy “a lo que haiga”. Y de lo que hay compro, y después reparto. Porque eso sí ha logrado Hugo Rafael “Midas” Chávez: incrementar la solidaridad entre nosotros. ¡Gracias por favores recibidos!, no faltaba más.

No, mi regocijo es por librarme de los toquesitos en la espalda, de la cara del sabelotodo que dictamina: es que tu optimismo te ciega. Y como ahí, sádico sí soy, el saludo de lejos con la mano y sonrisita irónica a flor de labios, nadie me lo quita.

No seríamos justos con nuestro Midas, empero, si nos confinásemos a esas simplezas, como alimentos, medicinas, repuestos. No, su “toque milagroso” le acompaña en sus otros intereses. En más, en sus únicos reales intereses, como los de expandir la revolución mundial, hacer tambalear al único y verdadero Estado colombiano, que presto sería reemplazado por una banda terrorista, o lo que queda de ella. En esas cosas, y muchas más que se nos escapan, el toque de Midas es contundente.

La potestad que nuestro Midas recibió aquella noche del 3D de 2006 le emborrachó a tal punto que, a partir de entonces, no ha dejado de convertir todo en un mineral que, como es de precioso puede ser de letal. Un día tras otro todo le ha salido mal, tanto como para llegar a inspirar lástima. Y todos sabemos que hay dos cosas que el poder jamás debe inspirar: risa y lástima. Y ambas las ha provocado en abundancia.

Como si no bastara con las manos milagrosas, apareció también el otro Midas, el de las orejas -y el cerebrito- de asno. En efecto, como el postrado Dionisos cubano no puede despejar el encantamiento, el toque milagroso se ha disparado; por eso aparece la incapacidad de comprender qué pasa, ni cuánto tiene que ver con él, con Midas.

Lo más patético de este momento es que no acierta en nada, porque nada comprende, y peor, porque no ve que es su mirada, justamente, la que le bloquea. ¿Será por lo menos posible que muestre la capacidad de esfuerzo que todo burro exhibe?

antave38@yahoo.com