Fuente: Diario 2001, Venezuela.
Opinión – Francisco Quevedo
13-02-2008
 
 
El Gobierno pretende tapar el sol con un dedo, le aterran las malas noticias. He allí el caso del asalto al banco y secuestro masivo en Altagracia de Orituco, catalogado como una manipulación mediática. Hasta un ministro insinuó que los atracadores estaban en contacto con los medios. ¡Hay que callar la prensa!

La estrategia del Gobierno ante hechos que le contrarían se parece al síndrome del avestruz. Se prohíbe divulgar la cotización del dólar paralelo, incluso del dólar permuta. ¿Y cómo harán los compradores de bonos del BCV para participar en las subastas, si se les niega la información, veraz y oportuna, se debe decir, sobre el precio cotizado? Lo mismo pasa con las cifras de criminalidad. Los asesinatos se reducen al descontar los ajustes de cuentas entre bandas. Mientras tanto, los cadáveres en las morgues no cuadran con las estadísticas oficiales.

Para contener la corrupción se ratifica a un contralor que es sordo, ciego y mudo. Eso se llama vender el sofá. El affair del maletín en Argentina se le achaca a una componenda del Imperio. ¿Recuerdan que el entonces ministro de Interior y Justicia dijo que esos reales no salieron de Venezuela, que el avión hizo una parada no programada en Bolivia? Un aterrizaje clandestino en la cuna de la coca latinoamericana, un país presidido por un cocalero, para recoger un maletín, y nadie lo cuestiona. Esos petropasajeros se estaban chupando el dedo como todos nosotros.

La estrategia de la mentira, las medias verdades y de culpar de todo a los medios y al imperio se extiende al ámbito petrolero. La producción de Pdvsa nunca cuadra con las cifras de la OPEP. Se dice que Venezuela produce 3.2 millones de barriles diarios pero las estadísticas mundiales apuntan a 2.4 MMBbl/d. El mismo D. F. Maza Zavala, ex director del Banco Central, acota que las cifras no encajan. Si la industria produjera lo que dicen, 3,2 millones de barriles, restando el consumo doméstico que supera los 700.000 Bbl/d, se estarían exportando unos 2.500.000 barriles por US$ 88 por 365 días del año, es decir, US$ 80,300 millones en exportaciones petroleras. Eso sin contar los derivados, combustibles y otros productos que se venden mucho más caro. ¿Cómo es que las cuentas del BCV sólo reflejan US$ 63,000 millones? Es sencillo, si las exportaciones no tradicionales superan los US$ 15.000 millones como dicen, la casa matriz vendió unos US$ 48.000 millones, que a esos $ 88 por barril significan 1.500.000 barriles diarios. Si sumamos lo que se queda en las estaciones de servicio locales, Pdvsa si acaso supera los 2,2 millones de barriles diarios. Esto se parece más a lo que cita la OPEP. El resto es producto del redondeo y la sobre simplificación.

Y ahora se le echa tierrita al caso de la medida cautelar que por US$ 12.000 millones decretan un tribunal internacional y otro en Nueva York contra activos de Pdvsa. Pero los cambios en los términos de venta, de treinta días a ocho, y el endeudamiento de la industria, hasta Citgo, nos indican que la caja no tiene problemas. Nada se dice de la demanda que ganó Total Oil por más de US$ 800 millones. Aquí no es sólo Exxon-Mobil la que no volverá a hacer negocios en Venezuela, sino las petroleras respetables las que hacen sus maletas ante tanta arbitrariedad. Y en cuanto a las paradas de planta, las importaciones de gasolina por incapacidad de producción, la falta de gas y los accidentes, ni hablar. “Los muertos de las contratistas no cuentan…”, dijo una vez un ejecutivo petrolero. Son como los ajustes de cuentas entre bandas.

La verdad es que el Gobierno hace aguas. La corrupción y la ineptitud son demasiado grandes. Los petroleros no extraen ni refinan petróleo tanto como se distraen en construir escuelitas y en importar alimentos, en financiar misiones, en politiquear y guisar. Igual que los militares que manejan ministerios y atienden bombas de gasolina, los burócratas se distraen raspando la olla. ¿Quién gobierna en este país mientras la criminalidad nos asesina al ritmo de 1.000 personas al mes y las invasiones se reanudan, quien detiene una inflación que nos come el salario mientras la devaluación se acentúa (la del dólar permuta, por ahora, pero la otra, de que viene, viene), y mientras más de 1.800.000 familias venezolanas viven en ranchos?

A la final, esto que se escribe dirán que es una manipulación mediática: Aquí no hay crimen, ni corrupción, ni inflación, ni devaluación, ni desabastecimiento, ni faltan viviendas, ni se hunde la vialidad, lo de la demanda contra Pdvsa es puro alarmismo, Antonini Wilson no le llevaba esos US$ 800.000 a Cristina Fernández de Kirchner y lo del secuestro de las 33 personas en Altagracia de Orituco fue culpa de los medios… Y Clark Kent no es Superman, los lentes lo esconden.