Tomado de Noticias24.com
LA REVOLUCIÓN HACE METÁSTASIS
Por Pedro Lastras.

Al fiasco terrorista de los nipleros de la 23, una de las chambonadas más bochornosas de las huestes del teniente coronel, se une ahora el motín de la platinada de la revolución: la comandante Lina Ron y sus acciones insurgentes: la toma del arzobispado y las declamaciones incendiarias contra Globovisión. Luego ha decidido hacer una tournée con sus tropas de asalto: ha recalado en la plaza Bolívar y ha tomado un descanso en la esquina caliente. Son los 10 minutos que conmovieron al barrio. Ni el Chapulín colorado. Provoca responder con una trompetilla.

A juzgar por todos estos micro sucesos, más propios de una zarzuela de baja estofa que de un proceso propiamente revolucionario, la bolivariana del siglo XXI ha comenzado a mostrar un cáncer generalizado. Está haciendo metástasis. Peor aún: si el policía muerto en el atentado y la lideresa del 23 son los arquetipos del hombre nuevo guevariano, su versión venezolana está alcanzando los niveles de la lepra.

En efecto: leproso el comando de asalto, leprosa la vocera, leproso el diputado, leproso el pobre señor disfrazado de campesino y leprosa la oxigenada caudilla de esta leprosa revolución. Provocan un cambio notable en el ánimo del cronista: de la ira y el enojo a la conmiseración y la lástima. ¿Esta señora afro descendiente, de origen cuartorepublicano, ridícula y gritona, embutida en un traje de campaña y con una cabellera a lo Tza Tza Gabor, lider de una imaginaria revolución socialista? Patético.

Quien se da golpes de pecho por “sus pobres”, gesticula y alardea como una matona de barrio y juega a Tania la Guerrillera suele organizar imponentes saraos bien regados con Royal Salut, que será ordinaria pero tiene un paladar extra fino. Como el Dom Perignon del que también disfruta y suele adquirir en Toldeca C.A., la empresa que le organiza sus partys con chamos y chamas funcionarias bien pagadas del régimen.

Dan asco. Pobre Venezuela.