El Nuevo País
Factores de Poder
Patricia Poleo
11-03-2008
 
 

Uno de los anuncios importantes que hizo ayer el ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín, es que se va a “humanizar” el sistema penitenciario venezolano.

Si no fuera porque el Ministro anunció que los asesores de dicha humanización serán los cubanos, la noticia pasaría como una promesa más, igual que las que han hecho los anteriores ministros.  Y cuando se conocen cuáles son las condiciones de las cárceles cubanas, provoca reírse ante el ofrecimiento de Rodríguez Chacín.  Si no fuera porque sería reírse de la muerte.

Históricamente las prisiones en Cuba han sido inhumanas en todos los sentidos.  Las cárceles que albergan presos comunes son estiercoleros que sirven de tumbas a los prisioneros hartos de los maltratos, el hacimiento y el aislamiento optan por el suicidio.

Cualquier denuncia que pueda hacerse del actual sistema penitenciario en Venezuela, se profundiza en las mazmorras cubanas: La mala alimentación carente absolutamente de proteínas.  Agua con azúcar en la mañana acompañada de una miseria de pan, agua sucia a la que llaman caldo al mediodía y en la noche, una especie de cereal que “a veces se mueve, tiene vida propia, por la cantidad de gorgojos que contiene”.

Pero en lo que seguramente hará énfasis el Régimen venezolano es en el fulana “Plan de Reeducación” cubano, que no consiste en otra cosa que someter al preso a los peores maltratos y vejámenes que terminan convirtiéndolo en un antisocial peor del que entró en la cárcel.

Los presos comunes cubanos están acostumbrados al disfraz eventual del sistema penitenciario.  Ocurre cada vez que un organismo de defensa de los Derechos Humanos visita la Isla para verificar las condiciones en las que se encuentran las prisiones.  Una de las cárceles pilotos para esto es el “Combinado del Este”, construida hace 25 años y que es la más grande de La Habana.  Cuando llegan las misiones extranjeras, les entregan uniformes limpios a los reos, activan las canchas deportivas y zonas de trabajo, obligan a los presos a hacer deporte y laborar mientras duran las inspecciones.

Las cárceles cubanas están llenas de testimonios de los resultados de la crueldad de los guardias, encabezados por un oficial que funge de “comisario” que desembocan en tornas físicas que dejan lesiones para siempre.

Pero lo más doloroso, la tortura más cruel a la que son sometidos los presos, es el aislamiento de su familia.  Según las leyes cubanas, los detenidos no pueden estar en cárceles distantes del lugar donde habite su entorno familiar.  Pero tal como ocurre en todas las dictaduras, una cosa es lo que diga la ley, y otra lo que se cumpla, y el sistema “humanitario” que se copiará manda a los presos a más de 1.000 kilómetros de su familia, en lugares sin acceso de transporte.

A todo esto hay que sumarle la corrupción en la que incurren los oficiales carcelarios.  Cada vez que las prisiones son dotadas, se roban los insumos y hasta la comida, lo cual crea peores condiciones, nada “humanitarias”.

Todo esto se refiere a los presos que han cometido delitos comunes.  Sobran los testimonios de aquéllos que son llevados a la cárcel por disentir del Régimen.  Sobre ellos se cierne toda clase de presiones, torturas y violaciones a sus Derechos Humanos para que nieguen sus principios de Libertad y Democracia y acepten los valores de sus opresores.  Es la realidad cubana que sólo servirá para agravar la situación de los presos venezolanos.  El término “Humanitario”, según el diccionario Larousse significa: “Humano, solidario o caritativo con sus semejantes…”.  En realidad, el sistema penitenciario cubano que copiará Venezuela sólo reduce al hombre al grado de un animal.  Un animal que después se volverá contra la sociedad.