El Nuevo País
Factores de Poder
Patria Poleo
16-03-2008 
 
 

Patricia PoleoSi algo no he de perderme, es la entrevista que la colega Nitu Pérez Osuna hará esta noche a la profesora Sofía Elena Vargas.

Si alguien tiene en Venezuela estatura moral para hablar de educación, esa es Sofía Vargas.  De las ganancias que puedo anotar en mi vida, está el haber sido alumna de Sofía.  Con ella vale como con nadie el término de que más que alumnos, tiene discípulos.  Más que estudiantes forma ciudadanos.  Más que ciudadanos, le entrega al país verdaderos venezolanos.

Sofía tiene la habilidad de tomar en sus manos impecablemente femeninas a adolescentes y rebeldes sin causa, muchas veces sin arraigo, y transformarlos en comprometidos defensores de la Patria.  Muchas fueron las pataletas que presencié de compañeras enfurecidas porque Sofía raspaba sin compasión a quienes osaban abreviar Venezuela: «¿Vzla? ¿A quién se le ocurre poner en pequeño un país tan hermoso y grande como Venezuela?»  Las prédicas de Sofía hacían que sus colegas la tacharan de chauvinista:  «¿Chauvinista yo?  ¡Si amar a Venezuela, si quererla y comprenderla en su grandiosidad es ser chauvinista, pues sí… soy chauvinista!»  El caso es que Sofía y todo cuanto nos enseñó nos quedó como un tatuaje de bien en el alma, y Venezuela dejó de ser unas líneas demarcadas en la geografía mundial para convertirse en la tierra que amamos pisar, el aire que respiramos, el amor más profundo que sentimos.  Algo que llaman Patria y que hasta que ella pasó por nuestras vidas no lo entendíamos en toda su grandiosidad.

Ahora que soy una adulta, ya en los 42, puedo contarlo.  Nada nos gustaba más en aquellos tiempos que compartir con Sofía fuera de las aulas.  Los viernes después del colegio siempre había un plan que la incluía.  Ella nos daba consejos en nuestra vida sentimental que despegaba, siempre enseñándonos que primero había que amarse y respetarse uno para después amar y respetar a los demás.  Y fuera de las aulas Sofía demostraba que su vida era igual a su prédica.

Nunca se habló de política en aquella aula, ni fuera de ella.  Nunca supimos si Sofía era adeca, copeyana o socialista.  De lo que sí estábamos seguras en aquel colegio de monjas dominicas es que comunista no era porque su amor por Dios y por Venezuela jamás lo permitiría.

Fue de la mano de Sofía que entendimos la importancia de nuestras riquezas petroleras.  Una vez al año se embarcaba con el salón de turno rumbo a Punto Fijo,  a recorrer la Refinería de Amuay.  La ilusión que como adolescentes sentíamos por el viaje y la rochela, terminaba siendo rebasada por lo importante que nos sentíamos cuando entrábamos en aquel monstruo refinador, a sabiendas de que esa maravilla quedaba en Venezuela.  Después de conocer Amuay, jamás nos atreveríamos a abreviar el nombre de nuestra Patria.

En fin, que la vida ha sido tan buena conmigo que no sólo atravesó a Sofía en una de mis aulas, sino que me ha permitido no perderla de vista.  Sofía era de las pocas que entendía que yo no era mala conducta sino una rebelde, la mayoría de las veces con causa.  Ella ahora está dedicada en cuerpo y alma a nuestros indios del Delta.  Dichosos ellos.  Y la conciencia de Patria que es toda Sofía Vargas, la lleva seguramente hoy al programa de Nitu, porque nadie como Sofía Vargas para explicarles a los venezolanos lo que significa aceptar un modelo educativo que sólo busca enajenarnos como nación, y como seres humanos.

Hoy, en el lugar del exilio dónde me encuentro, entre otras cosas por aplicar las enseñanzas de Sofía, aprenderé de ella una lección más de vida, de amor, de Patria.  Y de dignidad.