Estamos permitiendo que el régimen saque sin rubor su verdadera vocación autoritaria
Hace muchísimo tiempo de aquella verdadera “escuálida” marcha a principios de este gobierno con la recordada consigna de “con mis hijos no te metas”. A pesar de la “luna de miel” y el embelesamiento de casi todo el país con Chávez y su propuesta de cambio, las luces de alarma se encendieron con el decreto 1.011 y la creación de la figura de los supervisores itinerantes. Al principio no fueron muchos los que manifestaron su inconformidad, pero poco a poco se fue conformando una fuerza de opinión pública que el régimen siempre ha tenido como muro cada vez que intenta abordar reformas en la educación que impliquen una perspectiva ideológica dentro de las aulas.
Y es que ya, desde ese momento, la educación ha sido “la última frontera”. Algo con lo que Chávez no ha podido. Bien sea por lo combativo de los maestros o por la determinación de los representantes y de los mismos muchachos a no permitir que el “socialismo” sea el libro de cartilla. Sí, se han colado muchas cosas. Contenidos en los programas, supervisores cubanos y más recientemente la firma de la contratación colectiva que, conjuntamente con el tradicional asunto laboral establece un perfil socialista en la formación magisterial. Pero en más de una oportunidad el Gobierno ha tenido que “meter un frenazo” y establecer los tiempos del “por ahora no” hasta que llegue el momento justo para “poder avanzar”. Sin embargo, este parece ser el tiempo perfecto para traspasar esa “última frontera”. Bien sea por cansancio, por miedo, por conformidad, por apatía o por sinvergüenzura, estamos permitiendo que el régimen saque sin rubor su verdadera vocación autoritaria. Ya a estas alturas muy pocos dudan que “esto” se torció hacia otra cosa muy distinta a la democracia.
Al momento de escribir este artículo, la espada de Damocles pende sobre Globovisión. Tal vez cuando usted lo esté leyendo ya hayan ejecutado una medida de la que tanto alardea Chávez al afirmar que puede hacerlo. Y es que un autócrata siempre puede hacer lo que le dé la gana porque parte del principio que él es la ley. De ser así, habrán clausurado la ventana más importante con la realidad.
El cierre de Globovisión sería el perfecto globo de ensayo para que el Gobierno mida si puede traspasar la última frontera, esa que tanto le ha costado: la educación de nuestros hijos.
Si no reaccionamos a tiempo, con toda nuestra fuerza y nos oponemos a esa medida que ya parece “cantada”, podemos tener por seguro que al régimen no le temblará el pulso para traspasar esa “última frontera”. Preparémonos para ver a nuestros muchachos convertidos en verdaderos “pioneritos” cantando alabanzas, al Che, a Fidel y, por supuesto, al líder de esta revolución. A estas alturas ¿quién se atreve a decir aquello de “yo no creo”?
18 Mayo 2009
María Isabel Párraga B. // La última frontera
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Diario El Universal, Venezuela
La última frontera
María Isabel Párraga B.
18-05-2009
Hace muchísimo tiempo de aquella verdadera “escuálida” marcha a principios de este gobierno con la recordada consigna de “con mis hijos no te metas”. A pesar de la “luna de miel” y el embelesamiento de casi todo el país con Chávez y su propuesta de cambio, las luces de alarma se encendieron con el decreto 1.011 y la creación de la figura de los supervisores itinerantes. Al principio no fueron muchos los que manifestaron su inconformidad, pero poco a poco se fue conformando una fuerza de opinión pública que el régimen siempre ha tenido como muro cada vez que intenta abordar reformas en la educación que impliquen una perspectiva ideológica dentro de las aulas.
15 Junio 2009 at 12:16 pm
Presi…prepare sus maletas. (Junio 15)
Para quien tuvo la paciencia de escuchar y ver el Aló presidente de ayer domingo, encontrará las claves para entender que este gobierno está agotado. Cuando digo agotado, me refiero a la más absoluta incapacidad de continuar con más promesas y mentiras. A de falta de ellas, no le queda otra alternativa que hablar de paramilitares, que se están preparando para acabar con su vida. Enfrenta al gobernador del Táchira, cual águila desplumada cazando moscas, amenazando de acusarlo de traición a la Patria. A los Obispos, por haberlo acusado ante el gran jerarca de la iglesia. A los capitalistas, que quieren revolver un avispero en el extraño triunfo de su amigote en las elecciones iraníes. A los “oligarcas venezolanos” que pretenden dividir a las Fuerzas Armadas, a los constructores, que han sido obligados a abandonar un sistema de precios que permitía a la gente de menores recursos “adquerir” (el error es intencional) viviendas con pagos iniciales fraccionados. En fin, no quedó nadie por recibir lo suyo… así pretende construir un país.
Lección de ciudadanía recibió en Chacao, donde más de noventa por ciento de los votantes, decidieron el futuro de su antiguo mercado, con una grandísima asistencia de electores. Ahora, que los consejos comunales mostraron su poder, tal vez saque un nuevo as de la manga, para decir que él tiene un póker y que ese poder popular no es válido. El pueblo manda, sólo cuando a él le conviene.
Otra lección le dieron en la calle, recogiendo dinero para pagar la multa a Globovisión. Este cierre lo lleva por el camino de la amargura, pues no se le está haciendo fácil. Su palabra está en juego.
Un gobierno que juega a responder con violencia a todo acto cívico, lleva las de perder. En cada acto de violencia, suma nuevos detractores en lugar de sumar adeptos. Sabe como destruir algo, pero ignora como construirlo. Violencia verbal para quien se le opone. Violencia judicial para quien lo adversa. Violencia fiscal para quien está sosteniendo puestos de trabajo. Violencia legal para los votantes que no está de acuerdo con su mandato. Violencia física y gas del bueno para quien protesta por sus derechos, incluyendo estudiantes, sindicatos y trabajadores del gas, del transporte y de la salud.
Cuando no puede resolver algo, lo destruye. Ayer dejó rodar entre medias palabras y medias afirmaciones, que cerrará la operación de aluminio en Guayana: “Porque produce un polvillo que penetra los pulmones”… claro hay que pensar en que hacemos con los trabajadores, afirmaba. Como no sabe como contener las perdidas de esa industria y no podrá pagar las nominas, entonces la cerrará para acabar con el problema. Así mismo acabará con Sidor y con quien sabe que más.
Presidente, le sugiero que haga unas reservitas para comprar más pantalones, que al fin y al cabo, como usted afirmó ayer, es lo único que se compra de vez en cuando. Su gobierno perdió sentido hace rato y el daño es tan grande, que no tiene reparación alguna. Ya no hay ministros que seguir rotando para que sigan poniendo la torta.
Haga sus maletas presidente, vaya guardando los pantalones que no usa mucho, el dos mil doce se ve muy lejos para que aguantemos la cantidad de desastres que usted está produciendo.