El Mundo
Rafael del Naranco
31-03-2008 
 
 

Virtualmente los periodistas tienen obsesión con el ciudadano Chávez, y esto es indiscutible si se atiende al papel del acaecer noticioso, ya que el Presidente es un personaje informativo al tener la certeza de haber venido a la tierra a ser “luz y no polvo de los caminos tortuosos”.

Cada cierto tiempo -siempre tratándose de su persona- Hugo asombra a propios y extraños. Ayer en Valencia, tras 10 años gobernando con un poder absoluto y manejando la más fabulosa cuantía de dólares que vieron los siglos en Venezuela, confesó pasmado y absorto, cual si acabara de ocupar el sillón de Miraflores, hallarse escandalizado porque millones de compatriotas viven en ranchos.

Este hombre viaja cual correcaminos, conoce los lugares más hermosos y alejados de Gea, pero jamás de los jamases, si nos atenemos a sus palabras, se subió a la azotea del palacio de Misia Jacinta una noche diáfana a posar sus ojos sobre los atestados cerros, ni bajó la cortinilla del supercarro presidencial para observar la realidad que le rodea. Quijotescamente hablando, vive en babia, se guarnece en una pompa de jabón y observa la realidad del país tras unas bambalinas de seda china. Está, con perdón, en la inopia.

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http://www.anajuliajatar.com/
Ana Julia Jatar
15-03-2008 
 
 
 

Si todas las mentes del “Imperio” se hubieran confabulado para arrinconar al Gobierno bolivariano, no lo hubieran hecho tan bien como el mismo Chávez lo ha logrado.

En lo poco que va de año se ha metido en dos juicios internacionales más una acusación ante las Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional, de las cuales se ha salvado “por ahora”. Las tres querellas repartidas entre Inglaterra, Holanda, Florida, Nueva York y próximamente en La Haya, ponen en evidencia las mentiras, la corrupción y la insaciable ambición de poder del Comandante. Con ellos están quedando al descubierto sus arbitrariedades, sus financiamientos a movimientos terroristas y sus apoyos descarados a candidaturas presidenciales de sus aliados. En fin, pareciera que el infiltrado de la CIA es el propio Chávez.

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La Familia del presidente blanco de chavistas y opositores
El Nuevo País, Venezuela. 
Francisco Orta 
17-02-2088

Argenis ChávezLa familia del presidente Hugo Chávez ha sido el blanco predilecto de los aspirantes a la gobernación del estado Barinas, tanto de chavistas como de la oposición, que le atribuyen supuestas irregularidades e intenciones de crear una dinastía que impide “la alternabilidad en el poder”.

La situación ha sido tal que el jefe del Estado se vio obligado a dedicar todo el fin de semana pasado a hacer “una gira administrativa” por Barinas y realizar desde allí su programa “Aló, Presidente”.  Sin embargo, el mensaje implícito era de apoyo irrestricto a su familia y de salir al paso a las pretensiones de quienes quien convertir la campaña electoral regional en una carnicería contra los Chávez.

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Publicado en NoticieroDigital, Venezuela.
Por Octavio Montiel.
En este trance choreto
de la vida ciudadana,
cualquier vaina cotidiana
la dicta un solo sujeto
cuya palabra es decreto
que transcriben sus sirvientes.
Son actores obedientes
que lo siguen en comparsa
representando esta farsa
de mentiras recurrentes.

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REPORTAJE: La trastienda del golpe de Venezuela

Cuando Fidel pidió ayuda a Aznar

Castro quería que el líder español protegiera a Chávez durante el golpe de 2002 - El obispo Porras revela datos sobre la hora más crítica del presidente venezolano

Apenas un día antes de que regimientos leales y una iracunda pueblada le devolvieran el mando, Hugo Chávez permanecía atrincherado en el palacio de Miraflores de Caracas, sede del Gobierno venezolano. Era un hombre profundamente abatido, dispuesto al suicidio, convencido de que el golpe cívico castrense del 11 de abril del año 2002 contra su presidencia había triunfado. “¡No te inmoles!”, le pidió Fidel Castro, telefónicamente, la madrugada del día 12. Alarmado por el derrumbe emocional de su amigo y aliado, el líder cubano pidió ayuda al presidente José María Aznar (1996-2004) para salvar su vida y concederle asilo en España, según afirma en sus memorias sobre aquella crisis el obispo Baltasar Porras, ex presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

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Lorenzo Parachoques VL
miércoles, 19 de dic de 2007

El Teniente que estaba de edecán de guardia se quedó en el sitio, de la impresión. No podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Sin embargo tenía que mantener la compostura y la sindéresis de un oficial, que era mucho pedir en ese momento. Ya había visto bastante en los predios de Misia Jacinta, pero esto que se ofrecía en panorámica en el propio Palacio de Gobierno, era para caerse para atrás. El propio presidente desnudo completamente, acompañado de William, Nicolás y Pedro; despojados estos de la pompa ministerial y también en cueros, estaban en la Suite Japonesa en una suerte de ritual mágico, acostados, con los brazos en cruz y haciendo un semi circulo en el piso, entonaban unos cánticos en una lengua extraña a su oído. Como pudo, la curiosidad lo empujó a tomar una mejor ubicación para observar desde una posición privilegiada la suerte de liturgia que presidía el Comandante en Jefe. Era el 9 de diciembre de 2.007. El mismo día en que se adelantaron los relojes de todos los venezolanos en media hora. El teniente pensó, con esto que estoy viendo, se confirma que el reloj de Venezuela también se atrasó en casi dos siglos, desde cierto tiempo para acá.
Una música de tambores africanos, grabada, como fondo, hacía más tétrica y macabra la ceremonia. Las velas del centro del semi circulo iluminaron cuando el líder revolucionario se llevó a la boca el cuenco con la sangre tibia del gallo que acaba de sacrificar de una certera dentellada y que luego fue pasando a sus compañeros de ritual, mientras la viscosidad y calidez de la sangre del ave le chorreaba a mares por la comisura de los labios. Al centro, esperando su destino sombrío, un robusto chivato esperaba por el puñal de la liturgia en memoria del Padre de la Patria y Libertador, el General en Jefe Simón Bolívar.

De repente empezó un baile desenfrenado y atropellado en torno al robusto chivo, mientras se exteriorizaban unos cantos licenciosos sin ningún tipo de concierto; hasta que el mismo presidente desgarrando el mas tenebroso aullido que había oído el teniente, y con los ojos desorbitados mas allá de la locura, le enterró en el corazón del macho cabrío el puñal ritualistico a la bestia inocente. Allí se reinició hasta el paroxismo, el desenfreno de la ceremonia. Los cuatro empezaron a lanzar preguntas en perfecto castellano sobre la muerte del libertador.

Era un chivo padrote y por su peso y tamaño lo levantaron entre los cuatro, el líder máximo fue quien se encargó de la ofrenda a Simón Bolívar y entró en un trance casi narcótico, mientras se le salían unas expresiones gangosas y de trapo en la lengua. El Teniente solo atinó a descifrar parte de la ofrenda, mientras la locura del sacrificio retumbaba en el verbo del líder para tomar las banderas de la venganza por el asesinato del padre libertador hacia los oligarcas de Venezuela, los colombianos santanderistas y el imperio norteamericano

Luego le cortaron el órgano sexual al animal, lo degollaron y la sangre la regaron en el piso sobre la foto del Libertador Simón Bolívar que presidía la ceremonia. Le cortaron la cabeza y la colocaron en el altar improvisado del fondo de la habitación. Esto lo repitieron con los otros animales, palomas, gallinas y un robusto mastín napolitano, que esperaban turno en el protocolo. Eran las 3 de la mañana del nueve de diciembre de 2.007. A esa hora todos los venezolanos que estaban despiertos, agarraron sus relojes y atrasaron su hora en sesenta minutos.

El militar miró a través de la ventana y trató de buscar la luna. No había rastros de ella en el firmamento. La noche era completamente negra, sin ninguna estrella que pudiera servir de referencia u orientación. Una noche especial para cultos de magia negra y otros rituales como el que acababa de presenciar.

El Teniente también recordó que el Presidente estaba eufórico el día anterior porque el 9 de diciembre de 2.007, cuando se hiciera el cambio de horario se conmemoraban 249 años del nacimiento de Doña Maria de la Concepción Palacios y Blanco, madre de Simón Bolívar; pero también otro aniversario de la Batalla de Ayacucho en la Pampa de la Quinua (Los Muertos), gesta de armas que encabezó el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José Sucre y que significó la libertad de América. Que cosas, ¿no? La vida y la muerte. La vida del Libertador encarnada en su madre y la muerte de la tiranía imperialista en las tierras americanas con el glorioso hecho de armas encabezado por el Abel de Colombia, como lo llamó El Libertador a Antonio José de Sucre. El Ying y el Yang bajo la égida de la luna negra. ¿Qué mejor ocasión para llevar a Venezuela al nuevo tiempo revolucionario, con la nueva hora tomando como referencia el meridiano 66 que pasa por Río Chico?. El nuevo tiempo con el nuevo hombre. Cosas de la bestia.

Ese día fue de Luna Nueva y el calculo de la posición de la luna negra fue de 225º 49′. La luna estaba en su punto más alto en relación a la tierra y en una situación de apogeo que la desaparecía de la vista de todo terrícola.

El mismo Libertador - según el maestro de la ceremonia - decidió cuándo terminar el ritual. Este le hizo una consulta en privado frente al cuadro que presidía. Ese en el cuál esta parado con el sable en la mano izquierda y la mano derecha como rascándose la tetilla izquierda, obra de José Gil de Castro y pintado en 1.825, en plena gloria de Simón Bolívar.

Cansados, estrábicos del ritual y la ceremonia, piches del ron barato con que se bañaron para purificarse previos a la fórmula del rito, ahítos de tabaco y del resplandor de las velas; William, Nicolás y Pedro, libres aún de las vergüenzas del vestido, arrastraron su desfallecimiento hacia el exterior del Salón Japonés, y pasaron al lado del edecán que se había enrollado emboscado en los largos cortinales del salón; mientras esperaban del líder los resultados de la consulta con Simón Bolívar.

La voz, aún en trance del máximo líder, los sacó del sopor de la liturgia anterior y los sacudió en la fibra revolucionaria y bolivariana. “He recibido un encargo del Padre Libertador. Me confió que fue asesinado. Nada de tuberculosis, nada de tisis, nada de catarro mal curado. Asesinato puro y simple. Vamos a convocarnos para repetir esta ceremonia en el propio sarcófago del Padre de la Patria en el Panteón Nacional. La mano de los oligarcas venezolanos, los traidores colombianos y el imperialismo norteamericano esta metida en esto”. Aturdidos aún por las exigencias ceremoniales y el ratón del miche barato y el tabaco aspirado, William, Nicolás y Pedro solo atinaron a asentir mientras los gallos de Miraflores empezaron a anunciar las luces del nuevo día.

Solo cuando las notas estrambóticas de la Diana del cuartel de las tropas de seguridad del palacio de gobierno, empezaron a sonar; el edecán emboscado en las cortinas del salón pudo salir y reponerse de la extenuación lúgubre de esa madrugada.

Roger Santodomingo
Blog / Noticiero Digital
05/12/2007 
 

El domingo, o para ser más preciso, el lunes 3 de diciembre en la madrugada, mi corazón, impresionado, aplaudía al de Hugo Chávez (ese órgano que dice haber consultado en el momento dilemático de aceptar el resultado electoral). Visiblemente contrariado, el Presidente aparecía en televisión, minutos después del primer boletín del CNE, anunciando, mano en el pecho, la derrota de su propuesta para cambiar radicalmente la estructura política del país. Chávez había cometido un pecado muy humano: soberbio, había subestimado a sus adversarios y sobreestimado sus propias posibilidades. Esto último no es sino la consecuencia de construir murallas alrededor suyo, dejándose aislar de la fría realidad que llevaba un año señalándole, para acomodarse, calentito, en ese mundo de fantasía rojo rojito de sus adulantes.

La paradoja del presidente Chávez la he ilustrado antes con el mito de Ícaro, el personaje clásico cuyo padre le confeccionó alas de cera para escapar de un laberinto que lo mantenía prisionero. Porque, como Ícaro, Chávez no supo comprender el significado de su victoria de hace un año. Como Ícaro, engolosinado con su extraordinario poder, Chávez quiso volar demasiado alto y el sol le derritió las alas, precipitando él mismo su caída.

 

 

Sin embargo, sería un error y otro pecado no reconocer que esa madrugada actuó con gallardía. Aún cuando las “cautas sugerencias” de su alto mando no califiquen como “presiones” (¡Magnífica la crónica de Hernán Lugo!*), Chávez tuvo un gesto sin precedentes en un caudillo latinoamericano: reconoció su humillante derrota por un estrecho margen de votos. Aún con todo ese mesianismo y arrogancia de la izquierda iluminada, según la cual el pueblo inmaduro de Venezuela no está en condiciones aún de entender la propuesta socialista parida por una inteligencia superior como la suya, Chávez tuvo la hombría de aceptar el principio elemental de la democracia que dicta la obligación de respetar la voluntad de la mayoría por más estúpida (o “mierda”) que le parezca.

 

 

Este gesto es uno que bien pudo enrostrar a su George W. Bush, con quien este principio elemental fue puesto en duda con su presidencia (por lo cual nos sentiríamos agradecidos si el mandatario estadounidense se abstuviera de hablar de la democracia venezolana que, demostrado está hoy, está sana para la media latinoamericana, aunque palidezca y esté a años luz del estándar de la consolidada y efectiva democracia del primer mundo). Así que lo confieso, impresionable como soy, me sentí orgulloso y recuperé la esperanza de que este país podría superar sus diferencias y convertirse, nuevamente, en una referencia democrática para la región en un futuro no tan lejano.

 

 

La paradoja o esquizofrenia venezolana, detectada recientemente por las encuestas y que ha dado dolores de cabeza a los analistas: el que la mayoría sigue simpatizando con Hugo Chávez, aún cuando no comparta sus propuestas (el cierre de RCTV, el socialismo del s. XXI, el partido único y la política de apartheid y odio de clases y razas), por primera vez fue testeada en las urnas y Chávez sufre sus consecuencias.

 

 

Medir la victoria

 

Ahora bien, el disfrute de la impresión de vivir en un país democrático –con una democracia imperfecta, sí, pero democracia al fin– se ha trastocado ahora cuando Chávez reaparece intentando desbaratar con los pies (o con su lengua) lo que tan difícilmente obtuvo con su proceder: la confianza en su (frágil) talante democrático. Frágil porque un demócrata auténtico no tiene dilemas ante una derrota electoral, más si está en posición de control total del sistema, por lo que se hace imposible imaginar que se cometería un fraude en su contra

 

Sin embargo, a pesar de la impresionante estupidez política que esto implica, debería aliviar a los observadores el identificar un patrón de acción en un líder imprevisible: se confirma su tendencia a valorar los mecanismos democráticos cuando le son propicios y descalificarlos cuando le son adversos. Es la democracia sólo como instrumento, no como fin. Vuelve a recurrir a la lógica guerrerista, en lugar de tomar la oportunidad y su posición aventajada para buscar consensos para el progreso colectivo. Chávez no tomó la rama de olivo que le ofrecieron sus adversarios y volvió a la carga, huyendo hacia delante, llamando excremento a la mayoría que, efectivamente, expresó su desacuerdo con el socialismo chavista y advirtiendo que él insistirá en su proyecto radical aunque la gente lo rechace.

 

 

No obstante, destaquemos otro gesto positivo de Chávez cuando, después de medir su propia derrota, ofreció un consejo gratis a sus adversarios: midan bien su victoria. Y una manera de medir la victoria es entender que Chávez no está muerto y la revolución enterrada, sino que la democracia dio signos de vida y se está produciendo una recuperación de la confianza en el sistema electoral. Si los adversarios de Chávez logran articular una oferta superior de consenso (que incluya al chavismo descontento) y la comunican efectivamente, tienen una oportunidad de oro para lucirse en las elecciones regionales del 2008. Es a partir de allí que podrá trazarse una ruta viable para las elecciones presidenciales.

 

 

Porque esto sí pueden asegurarlo: este es el último mandato constitucional de Hugo Chávez. El mito de que de Miraflores sale muerto (mito reforzado por él, claro, que ve magnicidios por todos lados cuando él sólo desea gobernar “hasta el 2050”) se cae igual que el mito de su invenciblilidad. Porque en la medida que se conozca más su propuesta de reforma -y su maltrecho carisma empiece a oler aún peor-, sus opciones de apelar directamente al pueblo para pedir un cheque en blanco serán infinitamente menores. El próximo presidente será un sucesor con la bendición del caudillo o uno que, del seno de la nueva oposición, se forje en los próximos cuatro o cinco años de lucha democrática.

 

 

Así que no puede uno ser tan impresionable y pisar el peine de la confrontación artificial. Al fracasar esta intentona de reforma radical, quedaron derrotadas también las pretensiones de una minoría desesperada que cifraba su esperanza en un golpe de Estado y que, ante el triunfo electoral, ven conspiraciones en los códigos secretos de la sopa de letras. El discurso del derrotado es revelador, pues no esconde su objetivo: que por supuesto no es tanto el entusiasmar a sus huestes desencantadas (hay que ver que manera tan poco acertada de seducir usando palabrotas) sino apelar al pesimismo y la desesperanza de sus adversarios y despertar el ánimo antidemocrático latente en un sector de la oposición.

 

De manera que estas Navidades se cargan de esperanzas, sí,¡pero no es como para irse a DisneyWorld!

Leo con preocupación y estupor que en los titulares del ND aparece una noticia con el título: “Los ciudadanos de segunda no pueden ir a Miraflores, quiso decir Chávez” y eso no es cierto.
El problema no es que en este país existan ciudadanos de primera, segunda o tercera categoría. Pués está harto demostrado que para el gobierno todos somos de segunda categoría para abajo, pero incluso más, aquellos ilusos que les apoyan y les ríen las gracietas.
La realidad es que a Miraflores no pueden ir quienes no sean afectos al Gobierno. Pensar otra cosa es una tontería. Nada de distintos tipos de gentes, simple y llanamente discriminación por pensar distinto. Si, tal cual como en una dictadura. Y no digo que esta no lo sea, al contrario, quiero decir que es como en una dictadura que se precia de serlo y no lo oculta, como la de Fidel.
Llegar a Miraflóres es una tontería. Pero el gobierno vé en ello una derrota, pués le trae a la cabeza viejos fantasmas de cuando un verdadero “tsunami humano” llegó hasta allí y Chávez se cagó por las patas para abajo. Sinceramente no creo que nada se gane con ir a Miraflóres. Ahora mismo el problema no está en sacar a Chávez, para eso hay tiempo después, ahora hay que ganarle en las urnas, derrotar su deforma inconstitucional y dictatorial. Después ya tendremos tiempo para continuar organizados y democráticamente salir de esta pesadilla que a todos nos embarga la vida.
A propósito del cambio de planes de los estudiantes y de convocar la manifestación para la Av. Bolívar, creo que si la llenamos, que si la abarrotamos, que si demostramos nuevamente, y sin usar los recursos del estado como hacen ellos, que tenemos un poder de convocatoria que va más allá de los partidos políticos y de sus pseudo-dirigentes, les daremos en la madre. Nada más doloroso para Chávez, ver como lo que una vez fue su templo de reunión, es hoy día abarrotado por gente que lo quiere fuera del gobierno. Pero más aún, si toda esa gente que allí se concentre, esta por su voluntad y por su propio criterio. Sin pagarle con el dinero de todos los venezolanos, sin trasladarla con los transportes de todos los venezolanos, sin atemorizarles con botarles de sus puestos de trabajo, eso es lo que verdaderamente va hacer que Chávez se sienta como el espantapájaros que a día de hoy es en Venezuela y el mundo.
Unidad es nuestra consigna. No importa quien eres si tienes mi mismo objetivo y quieres remar en la misma dirección. En estas horas no importan las pequeñeces sino los gestos, y de gestos liberadores y de emancipación sabe este noble pueblo venezolano.